Desde paracetamol hasta sedantes se encuentran en carpas, carros, casas o quioscos que son puntos a los que la ciudadanía llama farmacias clandestinas. Estos fármacos no solo surgen del contrabando, sino que salen de los hospitales públicos. Solo en un operativo se encontraron 500 unidades que pertenecían al stock del Ministerio de Salud Pública.
El contraste es directo: mientras pacientes reportan escasez en las farmacias de la red pública, los operativos de control detectan esos mismos insumos en carpas, quioscos conocidos como “farmacias clandestinas” ubicadas a pocos metros de los hospitales públicos. La Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria (Arcsa) confirmó que, entre 2024 y 2026, se han retirado del mercado informal cerca de 900.000 productos sanitarios de procedencia irregular y, entre esos, 80.000 fármacos de las bodegas de hospitales del Estado.
Medicamento público de venta fuera de los hospitales revela la corrupción
En 2025, un operativo en el Batallón del Suburbio (Guayaquil), incautó 5.700 fármacos en una estructura clandestina. De ellos, 500 unidades pertenecían al stock del Ministerio de Salud Pública (MSP), mientras que 3.000 estaban caducados. Simultáneamente, en Quito, se detectaron 9.800 insumos irregulares cerca de hospitales del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), evidenciando la persistencia de un mercado que comercializa desde muestras médicas hasta dispositivos sin registro sanitario. Para Amparo Orozco, médico general, esto muestra la corrupción “que existe desde adentro de los hospitales públicos” ya que “la medicina pública no puede desaparecer de un hospital y aparecer en una farmacia clandestina, sin que las autoridades o responsables del stock lo sepan”.

