Expertos advierten que la normalización del consumo y la falta de control en espacios públicos agravan la presencia de personas con problemas de alcoholismo en el casco céntrico de Loja.
En el casco céntrico de Loja, la presencia de personas en estado de embriaguez y el consumo de alcohol en espacios públicos se han vuelto parte del paisaje cotidiano. Esta realidad preocupa a moradores, comerciantes y especialistas en salud mental, quienes advierten que el problema se ha agudizado y requiere una intervención integral.
Fernando Ruiz, psicólogo clínico y director del Centro Psicológico Insight, explica que detrás del consumo problemático suelen existir factores ligados al entorno familiar, social y cultural. “Hablamos de habilidades de afrontamiento, según cómo aprendemos a enfrentar las dificultades desde pequeños, podemos caer en prácticas normalizadas como recurrir al alcohol ante una decepción o un conflicto”, señala.
Ruiz indica que en contextos como el latinoamericano, el consumo está socialmente aceptado y el acceso a las bebidas alcohólicas es muy sencillo. “Si tú puedes acceder a algo de manera fácil, independientemente de la edad, se lo va a ver en todo lado. Y los espacios también se prestan para eso”, afirma.
La situación se hace evidente en el centro de Loja, donde los moradores han denunciado la presencia constante de consumidores, especialmente en sitios donde circulan las personas. A esto se suma la falta de control del consumo en la vía pública, lo que genera molestias vecinales como ruido, basura, envases abandonados e incluso desechos biológicos.
A nivel comunitario, el impacto también es profundo. Según “María” (nombre protegido), dueña de un local comercial en el centro de la ciudad comenta que el alcoholismo en la ciudad se ha extendido más allá del casco urbano. “Lo vemos en parques, plazas y mercados periféricos. Esto genera una percepción de inseguridad y afecta la actividad comercial. Es un problema social arraigado, vinculado al desempleo, conflictos familiares y la falta de alternativas recreativas. Cuando un miembro tiene dependencia, se generan tensiones, violencia intrafamiliar y abandono. El alcoholismo no afecta solo a quien consume, sino a todo su entorno”, acota.
Ante esta problemática, el Municipio de Loja y otras instituciones han desarrollado campañas de prevención y operativos de control, además de programas de atención psicológica y médica. Sin embargo, los especialistas consideran que no es suficiente. Ruiz indica que “el consumo debe canalizarse hacia espacios controlados, con seguridad y horarios permitidos”, mientras que María enfatiza la importancia de fortalecer la rehabilitación y la educación familiar. “El alcoholismo es un problema de salud pública, no un asunto individual. Si trabajamos juntos—familias, instituciones y sociedad—podemos reducir su impacto y construir una Loja más segura y solidaria”, finalizó.

